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martes, 24 de mayo de 2016

El Nacimiento De Los Estados Unidos - En verdad, el avispero no había dejado de agitarse

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En verdad, el avispero no había dejado de agitarse y no necesitaba de la adicional irritación de los impuestos para que provocaran problemas. La Ley de Timbres había sido anulada, pero la Ley de Acuartelamiento no, y cualquier americano en cualquier momento podía ser obligado a convertirse en anfitrión involuntario de uno o de varios soldados, si el comandante en jefe de las tropas británicas en América juzgaba conveniente ubicarlos allí. El comandante en jefe era Thomas Gage, que no se
caracterizaba por su tacto o su capacidad. Había llegado a América en 1755 con Braddock, había conducido la vanguardia en la derrota de Fort Duquesne (véase La formación de América del Norte) y había conseguido sobrevivir. Prestó servicios, en el curso posterior de la guerra, sin distinguirse particularmente y, en 1763, con el rango de general de división se convirtió en comandante en jefe de todas las fuerzas británicas en América. Fue él quien pidió al Parlamento que aprobase la Ley de Acuartelamiento, que no aumentó su popularidad entre los americanos. El cuartel general de Gage estaba en Nueva York y le irritaba que las autoridades coloniales interfiriesen continuamente en sus esfuerzos para ubicar a sus oficiales y soldados en lugares confortables. Enfurecido, exigió que la Asamblea de Nueva York ordenase la aplicación de la Ley de Acuartelamiento. La Asamblea se negó resuelta mente a hacerlo, y Gage presionó al gobernador de Nueva York para que disolviese el organismo.
Esto se hizo el 1 de diciembre de 1766, y posteriormente el Parlamento confirmó la decisión. Se eligió entonces una asamblea nueva y más conservadora, que permitió el acuartelamiento. Logrado esto, en Nueva York y en otras partes, aumentó el odio popular hacia los soldados. El término «capote rojo» [«redcoat»] se convirtió en una expresión de insulto y cólera entre los americanos.
Las noticias de las Leyes de Townshend y de los problemas con la Asamblea de Nueva York se difundieron por las colonias. Era claro que, no sólo el gobierno británico no tenía intenciones de actuar mediante las asambleas coloniales, sino que no permitiría más que las asambleas que fuesen de gusto del Parlamento. A ese paso, pronto los americanos no tendrían ninguna autonomía y estarían sujetos a un puro despotismo parlamentario.
La situación venía como anillo al dedo a Samuel Adams, quien inmediatamente empezó a batir tambores para lograr una renovación del boicot que tanto había contribuido a la revocación de la Ley de Timbres. En septiembre de 1767, aún antes de que las Leyes de Townshend entrasen en vigor, se realizaron en Boston reuniones públicas en las que se acordó suspender las importaciones. Adams escribió también a líderes radicales de otras colonias para difundir la consigna; los Hijos de la Libertad empezaron en todas partes a hostigar a los funcionarios de aduanas.
Adams era un brillante agitador y sabía aprovechar al máximo las oportunidades, pero no hubiera podido hacer nada sin la colaboración de la locura británica. Tan extremista era Adams en sus opiniones que la mayoría de los líderes americanos seguramente se habrían vuelto contra él, si hubiesen tenido posibilidad de hacerlo. Los líderes americanos de la época eran tan aristocráticos en sus inclinaciones como los británicos, tan aferrados como éstos a la creencia de que el gobierno debía estar en manos de los hombres de las mejores familias que también tuviesen propiedades, igualmente temerosos de lo que llamamos «democracia» y que ellos habrían considerado como «el gobierno del populacho».
Si los británicos hubiesen aceptado a los líderes americanos como sus iguales, es muy probable que aún habría hoy una relación política entre los Estados Unidos y Gran Bretaña (como entre Canadá y Gran Bretaña). Fue porque Gran Bretaña no se avino a ello y persistió en una línea dura por lo que muchos conservadores americanos se vieron obligados a echarse en brazos de radicales como Adams, Otis y Henry.
Un ejemplo de esto fue John Dickinson, que había tenido una actuación destacada en el Congreso de la Ley de Timbres. Pertenecía a una familia acomodada, era un gran terrateniente, había estudiado derecho en Filadelfia y en Inglaterra y era un hombre conservador totalmente probritánico en sus sentimientos. Sin embargo, no podía estar de acuerdo en que los británicos tenían el derecho de hacer leyes para los americanos sin ninguna consideración por lo que los americanos pudieran decir en la
materia.
Después de la promulgación de las Leyes de Townshend, Dickinson tomó la pluma y, a partir del 2 de diciembre, escribió las Cartas de un Granjero. En total, fueron catorce cartas, que aparecieron en muchos periódicos americanos en el invierno de 1767-1768, y luego fueron publicadas en forma de folleto.
En las Cartas, Dickinson protestaba de su lealtad a Gran Bretaña, reconocía el derecho de los británicos a regular el comercio americano, instaba a los americanos a no participar en demostraciones violentas y rechazaba la apelación a la doctrina de los «derechos humanos».
No obstante, Dickinson se manifestó vigorosamente contra las leyes de Townshend y contra la anulación de la asamblea de Nueva York, como un despojo a los americanos de sus derechos como ingleses. (No era de sus «derechos naturales» de lo que se les despojaba, en su opinión, sino de sus derechos específicos con respecto a la ley británica.) Lo que Dickinson deseaba, aparentemente, era una autonomía limitada para América, el tipo de relación que un Estado americano tiene con el gobierno central en la actualidad.
Un sistema como el que Dickinson imaginaba oscuramente y como el que posteriormente (pero sólo con grandes dificultades) funcionaría en los Estados Unidos era totalmente sin precedentes por la época. El Parlamento británico no podía concebirlo.
Jorge III no quería ningún compromiso y la mayoría parlamentaria estaba firmemente a favor de una política de «mantenimiento de la ley y el orden». A los americanos se debía hacerles comprender quiénes eran los amos.

Fuente: Isaac Asimov El Nacimiento De Los Estados Unidos (1763 – 1816) - 4 -
Título original: The Birth of the United States 1763-1816
Traductor: Néstor Mínguez
Primera edición en «El Libro de Bolsillo»: 1983
Tercera reimpresión en «El Libro de Bolsillo»: 1994
© 1974 by Isaac Asimov
© Ed. cast.: Alianza Editorial, S. A., Madrid, 1983, 1984, 1990, 1994
Calle Juan Ignacio Luca de Tena, 15; 28027 Madrid. Teléf 741 66 00
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