jueves, 18 de julio de 2019

La Declaración de la Independencia

La Declaración de la Independencia
La evacuación británica de Boston no hizo pensar a Washington erróneamente que la guerra había terminado. No hacía falta mucha penetración para percatarse de que los británicos, derrotados en un punto, harían intentos en otro, y de que el punto débil de las colonias era la región media, entre la radical Nueva Inglaterra y la radical Virginia.
Por ello, Washington condujo la parte principal de su ejército al sudoeste y llegó a Nueva York el 13 de abril de 1776, con 9.000 hombres.
Mientras tanto, entre el Sentido común de Paine y la excitación de la evacuación británica de Boston, el sentimiento favorable a la independencia llegó a récords de altura y los delegados del Segundo Congreso Continental podían sentirlo en cada mensaje.
Extrañamente, fue Carolina del Norte la que estuvo en el primer plano de la lucha. Ya el 31 de mayo de 1775, poco después de los sucesos de Lexington y Concord, los habitantes del condado de Mecklenburg, cerca de lo que era entonces la frontera occidental del Estado, elaboraron las «Resoluciones de Mecklenburg», en la que todas las leyes británicas eran declaradas nulas y vacías, e inútiles todos los despachos británicos. Las resoluciones declaraban la intención de los firmantes de lograr el autogobierno, pero no se hacía uso en realidad de la palabra «independencia». Sin embargo, el suceso dio origen a la leyenda de una «Declaración de la Independencia de
Mecklenburg».
Un año más tarde, el Congreso Provincial de Carolina del Norte, el 12 de abril de 1776, instruyó oficialmente a sus delegados al Congreso Continental para que abogasen por la independencia. Fue la primera colonia que lo hizo de manera formal.
Virginia la siguió, el 15 de mayo, y se dio por sentado que harían lo mismo las cuatro colonias de Nueva Inglaterra. Pero lo que se necesitaba para obtener la independencia era unanimidad. Sin ella, no se la alcanzaría. (Un delegado del Congreso dijo nerviosamente: «Debemos permanecer unidos.» Benjamin Franklin respondió secamente: «Sí, o con toda seguridad nos colgarán separadamente.»)11
El 7 de junio de 1776, Richard Henry Lee de Virginia puso la cuestión a prueba.
Se levantó y propuso que se aprobase una resolución en el sentido de que las colonias «son, y por derecho deben ser, Estados libres e independientes»12.
La resolución era todavía demasiado difícil de abordar, y el Congreso postergó la votación designando a varios de sus miembros para que preparasen una formal Declaración de Independencia. Los designados para esto fueron Jefferson, Franklin y John Adams, junto con Robert Livingston de Nueva York (nacido en la ciudad de Nueva York el 27 de noviembre de 1746) y Roger Sherman de Connecticut (nacido en Newton, Massachusetts, el 19 de abril de 1721).
Fue Thomas Jefferson quien hizo lo principal de la tarea de preparar la Declaración, y obviamente fue influido por Rousseau y la doctrina del derecho natural.
Escribió que las colonias debían asumir «la posición separada e igual a la que las Leyes de la Naturaleza y el Dios de la Naturaleza les daban derecho». También decía: «Sostenemos que son evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos el de la Vida, el de la Libertad y el de la búsqueda de la Felicidad. Que para asegurar estos
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11 Hay aquí un juego de palabras que es imposible traducir al castellano. El delegado al Congreso dice, en inglés: «We must all hang together», que significa «debemos mantenernos unidos», pero que en una imposible traducción literal, traducción sin sentido, claro está, es: «debemos colgar todos juntos». De aquí la ironía de la respuesta de Franklin. (N. del T.)
12 Un «Estado», debe recordarse, es una región soberana, que se gobierna a sí misma y no debe lealtad a ningún poder exterior. En los Estados Unidos, hoy, un Estado es una sección no independiente y subsidiaria de la nación, pero éste no era el significado de la palabra en 1776.
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derechos se instituyen entre los hombres gobiernos, cuyos poderes derivan justamente del consentimiento de los gobernados. Que cuando cualquier forma de gobierno se vuelve destructora de estos fines, es derecho del pueblo alterarla o aboliría e instituir un nuevo gobierno que se funde en tales principios y organice sus poderes de la forma en que se considera más probable el logro de la Seguridad y la Felicidad». Jefferson luego hizo una larga lista de los males infligidos a las colonias por Gran Bretaña, atribuyéndolos todos, clara y específicamente, a Jorge III; no mencionaba. al
Parlamento. Esto era necesario, desde luego. Ningún americano sentía lealtad mística alguna hacia un cuerpo legislativo, sino sólo al rey; y era del rey de quien debían ser apartados los sentimientos americanos. Uno de los males registrados por Jefferson fue quitado por insistencia de aquellos que no lo consideraban un mal. Jefferson acusaba al rey de impedir que Virginia tratase de regular el comercio de esclavos africanos. Los delegados de Carolina del Sur se negaron a permitir toda mención acusatoria de la esclavitud, y ese punto fue suprimido.

Fuente:   EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

jueves, 20 de junio de 2019

EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS - El Sentido común

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EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
El Sentido común resultó ser un best-seller. Su estilo sencillo, directo y muy dramático le ganó una enorme popularidad. Más que cualquier otro factor, produjo un necesario cambio en el pensamiento popular y convirtió la independencia en algo exigido por una cantidad suficiente de americanos como para hacerla posible políticamente. Entre otras cosas, ganó a George Washington para su causa.
Por supuesto, la cuestión era si la independencia sería posible militarmente.
Esto dependía casi totalmente de George Washington, quien estaba esperando lo único que permitiría avanzar: los cañones de Ticonderoga.
Había puesto la responsabilidad de llevar esos cañones sobre los hombres de Henry Knox (nacido en Boston el 25 de julio de 1750). Knox era librero de profesión y había aprendido mucho sobre el aspecto técnico de la artillería en los libros con que comerciaba. Había estado presente en la matanza de Boston, se había incorporado a la milicia, cuando ésta se formó, estaba ahora en el Ejército Continental y llegó a ser uno de los más íntimos amigos de Washington.
Era lo más cercano a un experto en artillería que había en el ejército, por lo que Washington lo envió a Ticonderoga a por esos cañones. La distancia era de 270 kilómetros en línea recta, pero de 500 kilómetros por caminos transitables.
Mientras esperaba, Washington recibió el nuevo año de 1776 desplegando una nueva bandera sobre su cuartel general. Llevaba las trece franjas rojas y blancas que hoy nos son familiares, una por cada colonia. Pero en la parte superior izquierda aún estaba la Unión Jack (la bandera del Reino Unido), formada por las cruces de San Jorge y San Andrés, los santos patronos de Inglaterra y Escocia, respectivamente, y el conocido símbolo de Gran Bretaña.
En el invierno (y ayudado, más que obstaculizado, por la nieve) Knox arrastró esos cañones. El 24 de enero de 1776, cincuenta y cinco piezas de artillería, con un peso medio por pieza de más de una tonelada, lograron entrar en las líneas americanas.
El 4 de marzo, Washington colocó esas piezas de artillería en las alturas de Dorchester, que Howe había dejado, imprudentemente, sin ocupar. Desde esa ventajosa posición, los americanos podían bombardear cualquier punto de Boston y casi cualquier barco que estuviese en el puerto.
Howe se percató del peligro y, no habiendo sido capaz de prevenirlo, planeó ahora un asalto contra la artillería. Fue retrasado por fuertes lluvias y, cuando el tiempo se despejó, los americanos parecían demasiado bien atrincherados y Howe había tenido tiempo de acordarse de Bunker Hill.
Decidió que Boston se había vuelto demasiado peligrosa para permanecer en ella y, el 17 de marzo, evacuó la ciudad, llevando a todos los soldados a los barcos del puerto. Luego zarpó para Halifax, en Nueva Escocia, el 26 de marzo.
En poco menos de un año desde los días de Lexington y Concord, los británicos habían perdido Nueva Inglaterra, y de manera permanente. Después de la partida de Howe, los británicos nunca volvieron, y desde ese día hasta hoy Massachusetts nunca oyó el paso de un ejército hostil.
La evacuación de Boston fue justamente considerada una gran victoria para los americanos, pero en definitiva constituyó una medida juiciosa por parte de los británicos.
Nueva Inglaterra era la parte más densamente poblada y más rabiosamente radical de las colonias, y todo intento de tomarla por la acción militar directa habría sido costoso y difícil. Había estrategias mejores. Por ejemplo, Nueva Inglaterra podía ser aislada de las otras colonias y luego ser sometida por hambre. En las colonias que no formaban parte de Nueva Inglaterra los sentimientos de rebelión eran mucho más débiles y éstos, posiblemente, podían ser sofocados, para luego golpear a gusto a Nueva Inglaterra.
Los americanos probritánicos eran llamados «leales» por los británicos y por sí mismos, y se los encontraba principalmente (aunque no exclusivamente) entre las clases propietarias. Según algunos cálculos, un tercio de la población americana era leal, mientras que otro tercio era indiferente a las cuestiones políticas y solamente trataba de vivir lo mejor posible. Sólo el tercio restante lo constituían los «rebeldes» activamente empeñados en el conflicto con Gran Bretaña. En realidad, en las colonias medias, los leales eran mayoría.
Para sí mismos, por supuesto, los rebeldes eran «patriotas», mientras que los leales eran «tories», nombre dado al partido británico que defendía los poderes y las prerrogativas del Rey.
La Guerra Revolucionaria, pues, fue tanto una guerra civil como una guerra de liberación nacional. Hasta en Nueva Inglaterra había leales, y miles de ellos fueron llevados de Boston cuando la evacuación británica. Temían por sus vidas si permanecían en la ciudad, y tal temor probablemente era justificado.
Los leales fueron muy útiles para los británicos durante toda la guerra. Muchos de ellos servían como agentes de espionaje entre los americanos. Otros, hasta unos 30.000, servían en las filas británicas. Su ayuda podía haber sido decisiva, pero los británicos siempre vacilaron en utilizar sus servicios a fondo. Si los británicos hubiesen aplastado las rebeliones con la importante ayuda de los leales, éstos, una vez hechos con el dominio de las colonias, podían haber pedido, como recompensa, esas mismas
concesiones que los británicos negaban a los americanos en armas contra ellos.


Fuente:  EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

viernes, 14 de junio de 2019

Boston liberada

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EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
Boston liberada
Fuera de Nueva Inglaterra, aun había una vaga esperanza de que se pudiese detener la guerra, que en verdad se estaba ahondando. El Segundo Congreso Continental aun no sonaba con la independencia y cundía la fría convicción de que los británicos finalmente triunfarían y los líderes coloniales serían ahorcados por traición. Por ello, se hizo un ultimo esfuerzo para lograr la paz. Dickinson de Pensilvania redacto una «Petición de Paz» que el Congreso firmo el 8 de julio de 1775 y la envió al rey Jorge.
Reafirmaba la lealtad de las colonias y le pedía algunas concesiones que pusiesen fin a
las hostilidades.
Pero esa petición no tenía ninguna probabilidad de ser escuchada. El 23 de agosto el Parlamento proclamo oficialmente que se había producido una rebelión general, y el 1 de septiembre, cuando se presento la petición al rey Jorge, éste la rechazó arguyendo que no aceptaba comunicaciones de rebeldes. Estaba claro que los británicos iban a someter a las colonias por la fuerza y no admitirían compromisos.
De todos modos, en Nueva Inglaterra no había sentimientos a favor de la paz.
La euforia que siguió a la batalla de Bunker Hill era tal que las colonias de Nueva Inglaterra empezaron a pensar en acciones ofensivas. Se rumoreaba que los británicos iban a reclutar canadienses para combatir con los americanos, y se pensó que un audaz ataque contra Montreal y Quebec no sólo pondría fin a eso, sino que arrastraría a los franceses a la lucha contra su vieja enemiga, Gran Bretaña, con la esperanza de recuperar el Canadá.
La expedición fue puesta en un comienzo bajo el mando de Schuyler, pero su mala salud lo excluyó temporalmente y se puso en su lugar a otro neoyorquino, Richard Montgomery (nacido en Irlanda en 1736), quien había prestado servicios en el ejército británico. Montgomery condujo a su pequeño contingente hacia el norte mientras empeoraba el tiempo de otoño, y, cuando se aproximó a Montreal, el comandante británico, sir Guy Carleton, efectuó una retirada estratégica a Quebec. Montgomery
tomó la ciudad indefensa el 13 de noviembre de 1775.
Mientras tanto, Benedict Arnold, que había sido defraudado al no obtener el mando de la expedición contra Fort Ticonderoga, estaba ansioso de tomar parte en esa nueva aventura. Con el permiso de Washington, reclutó 1.100 hombres y marchó hacia el norte, a través de Maine, hasta Quebec. Allí esperó a que Montgomery descendiese por el río desde Montreal para unirse a él. En el momento del encuentro, se había producido un considerable desgaste de hombres, y juntos tenían bajo su mando menos de mil hombres. Quebec estaba defendido por un número de hombres que duplicaba esa cantidad.
El 31 de diciembre de 1775, aventuraron un asalto en medio de una tormenta de nieve que terminó en el fracaso. La mitad de los hombres fueron muertos, heridos o tomados prisioneros. Montgomery fue muerto y Arnold herido. Arnold y los pocos cientos de hombres que quedaban permanecieron cerca de Quebec, pero no tenían esperanzas, y después de perder en otra escaramuza se retiraron, en junio.
El fracaso fue deprimente para los americanos y se convirtió en una excelente arma de propaganda en manos de los británicos. Los colonos habían proclamado que ellos sólo luchaban en defensa de sus derechos, pero ahora podía replicarse que los americanos habían atacado a una provincia pacífica sin provocación alguna.
El conflicto se agudizó aún más. Georgia se incorporó al Segundo Congreso Continental en septiembre de 1775, de modo que por primera vez estuvieron representadas las trece colonias.
Frente a una Gran Bretaña intransigente, el Congreso, ahora aumentado, tomó con renuencia medidas adicionales dirigidas a una expansión de la guerra. El 13 de octubre de 1775, autorizó la formación de una armada. Sus barcos no podían ser buques de guerra desde el principio, por supuesto, pero podían armarse y llevar a cabo incursiones contra las naves británicas.
En respuesta, los británicos anunciaron, el 23 de diciembre, que todos los puertos americanos estarían cerrados al comercio desde el 1 de marzo de 1776. Las colonias, en efecto, fueron sometidas a un bloqueo.
A fines de 1775, pues, la guerra era abierta, y sin embargo los portavoces de las colonias, en general, proclamaban su lealtad a Gran Bretaña. Sólo Sam Adams y unos pocos ultraradicales como él osaban hablar de «independencia».
En realidad, había más de trece colonias en América del Norte, pero las otras, por una u otra razón, no tomaron parte en la Guerra Revolucionaria. Canadá, aún habitado principalmente por católicos franceses, prefería el gobierno de una Gran Bretaña distante que la protegería contra los enérgicos protestantes de Nueva Inglaterra. Nueva Escocia, separada de las otras colonias por el mar, no consideraba que hubiese ninguna causa común. Las Antillas Británicas también se hallaban separadas por el mar y, de todas formas, contenían grandes cantidades de esclavos que, como temía la minoría
blanca, no podían ser sujetados una vez iniciada la actividad revolucionaria.
Pero esto cambió gracias a la labor de Thomas Paine, quien, después de Sam Adams, tiene derecho a ser considerado el apóstol de la independencia americana.
Thomas Paine nació en Inglaterra, el 29 de enero de 1739. Era hijo de un cuáquero y fue durante toda su vida un hombre muy humanitario, que no sólo simpatizaba con los necesitados y esclavizados, sino hasta con el oprimido sexo femenino. En noviembre de 1774, llevando una recomendación de Benjamin Franklin, llegó a Pensilvania.
Una vez allí, publicó el Pennsylvania Magazine y pronto llegó a la conclusión de que la independencia era necesaria para las colonias. En primer lugar, era la única manera en que las colonias podían crear una república y liberarse de la tiranía del gobierno de un solo hombre y del despilfarro de una aristocracia hereditaria. Además, razonaba, sólo declarando que luchaban por su independencia podían obtener ayuda extranjera.
Paine se hizo con muchos amigos influyentes en las colonias, entre ellos el doctor Benjamin Rush (nacido cerca de Filadelfia, en 1745). Rush también era de una familia cuáquera y un hombre humanitario interesado por las mismas causas que movían a Paine. Rush alentó a Paine a publicar sus ideas en un folleto, que salió el 10 de enero de 1776. Llevaba el título de Sentido común y pasaba revista a todas las razones a favor de la independencia. Paine no vaciló en dejar de lado toda reverencia irracional y en echar toda la culpa de la política represiva británica sobre el mismo Jorge III.


Fuente:  EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

miércoles, 12 de junio de 2019

MENTALIDAD INDIVIDUALISTA Y RACIONALISTA

MENTALIDAD INDIVIDUALISTA Y RACIONALISTA
No reconocen a nadie una grandeza o una superioridad indiscutibles; así, vuelven siempre a su propia razón como fuente más visible y próxima de la verdad, lo que no sólo destruye la confianza en tal o cual hombre, sino hasta la fe natural en sus juramentos. Así, cada uno se encierra en sí mismo y pretende juzgar al mundo desde su reducto...
Al ver que consiguen resolver sin ayuda las pequeñas dificultades que les presenta la vida práctica, deducen sin más que todo puede explicarse en el mundo y que nada hay en él que rebase los límites de la inteligencia.
Por eso niegan con gusto todo lo que no pueden comprender, lo que les lleva a descreer de lo extraordinario y sentir una repugnancia casi invencible por lo sobrenatural...
Cabe prever que los pueblos democráticos descreerán de misiones divinas, se reirán gustosos de los nuevos profetas y buscarán dentro de los límites de la humanidad, y no en su más allá, el juez último de sus opiniones...
A medida que los ciudadanos se nivelan y asemejan, disminuye la tendencia de cada uno a creer ciegamente en un hombre o en una clase determinada. Aumenta en cambio la de fiarse a la masa, y su opinión llega a ser la que conduce al mundo [...] En épocas de igualdad ningún hombre fía de otro, a causa de su equivalencia; pero esta misma equivalencia les da una confianza casi ilimitada en el juicio público, ya que no les parece verosímil que siendo todos de igual discernimiento, la verdad no se encuentre del lado de la mayoría...
En los Estados Unidos, la acción de la mayoría provee a los individuos de multitud de tópicos, descargándoles así de la obligación de formarse otros por sí solos. Hay un gran número de teorías filosóficas, morales o políticas que cada uno adopta sin examen de la opinión pública; y si se pone atención se observará que allí la religión misma es menos una doctrina revelada que una opinión común...
Esta omnipotencia de la mayoría en los Estados Unidos aumenta, en efecto, la influencia de la opinión pública por sí sola sobre el espíritu de cada ciudadano. (Tocqueville, La democracia en América, 2º, 1ª, 2)
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Comentario. En EE.UU. predomina una mentalidad pragmática y antimetafísica, lo que repercute en la vivencia religiosa.
El ciudadano corriente tiende primero a fiarse solo de su propia opinión, y cuando no le queda más remedio que tomar prestada una opinión ajena, la toma de la opinión común antes que del hombre sobresaliente.
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LOS ABUSOS DE LA MAYORÍA
Durante la guerra de 1812 se vio en Baltimore un ejemplo palpable de los excesos que puede provocar el despotismo de la mayoría. En esa época la guerra era muy popular en Baltimore. Un periódico de tendencias opuestas excitó con su conducta la indignación de los habitantes. El pueblo se reunió, rompió las prensas y atacó la casa de los periodistas... A fin de salvar a los desventurados amenazados por el furor público, se tomó el partido de conducirlos a la cárcel, como criminales. Esta precaución resultó inútil: durante la noche el pueblo se congregó de nuevo; fracasado el intento de los magistrados de reunir a la milicia, la prisión fue forzada; uno de los periodistas fue muerto en el acto y los demás quedaron moribundos; los culpables, enviados al jurado, fueron absueltos...
Decía yo un día a un habitante de Pensilvania: “Explíqueme, por favor, cómo en un Estado fundado por cuáqueros y famoso por su tolerancia, los negros emancipados no pueden ejercer los derechos de ciudadano.
Pagan impuestos, luego ¿no es justo que voten? –No nos ofenda usted, me respondió, creyendo que nuestros legisladores han cometido tan burdo acto de injusticia. –Entonces, ¿los negros tienen aquí derecho al voto? –Desde luego. –Y, ¿cómo es que esta mañana en el colegio electoral no he visto a ninguno en la asamblea? –Eso no es culpa de la ley, me dijo el norteamericano; es cierto que los negros tienen derecho a presentarse en las elecciones, pero se abstienen voluntariamente de hacerlo. –Eso sí que es modestia por su parte. –Oh, no es que se nieguen a presentarse, pero temen que se les maltrate. Entre nosotros, sucede a veces que la ley carece de fuerza cuando la mayoría no la apoya. La mayoría está imbuida de grandes prejuicios contra los negros y los magistrados no se sienten con fuerzas para garantizarles los derechos que les ha conferido el legislador. –¡Pues vaya! La mayoría que tiene el privilegio de hacer la ley, ¿quiere tener, además, el de desobedecerla?”. (Tocqueville, La democracia en América, notas al capítulo 7º de la 2ª parte).
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Comentario. La guerra de 1812 fue la última guerra contra Inglaterra. En Pensilvania, se sorprende Tocqueville de que los negros no acudieran a las votaciones, habiendo destacado los cuáqueros por su oposición a la esclavitud.
“El sentimiento antiesclavista había ido creciendo de manera constante a finales del siglo XVIII gracias a la obra de grupos religiosos como los cuáqueros. En la década de 1830 surgió un nuevo movimiento radical cuando se hizo evidente que el sistema esclavista no iba simplemente a desaparecer por sí solo”. (Jenkins, Philip (2002). Breve historia de EE.UU. Madrid: Alianza Editorial, p.167)
“Los sujetos del Reino del hombre, es decir, de las sociedades modernas, “están también desprovistos de toda responsabilidad.
La soberanía popular implica que no puede exigirse responsabilidad a nadie más que al detentador del poder, es decir, precisamente al pueblo. Pero el pueblo no puede acusarse y condenarse a sí mismo. Un detentador del poder es un soberano que no podría autocondenarse a prisión. Solamente puede comparecer ante la justicia aquel que se enfrenta y transgrede las leyes y órdenes que emanan de la soberanía popular. En cuanto al pueblo en sí, compuesto de todos los súbditos del Reino, carece de responsabilidad”. (Lindbom, T., La semilla y la cizaña, Madrid, 1980, p. 70)
La igualdad jurídica, reconocida por la Constitución, no siempre se ha traducido a la práctica: Las minorías han sido discriminadas, a veces política, las más de las veces socialmente.
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Fuente: HISTORIA 2 DE ESTADOS UNIDOS
  Selección de textos y notas por Jesús M. Sáez
Alicante, 2014

viernes, 7 de junio de 2019

Texas Cerca de Amarillo

Resultado de imagen para escultura” Cadillac Ranch

Texas
Cerca de Amarillo
La “escultura” Cadillac Ranch, si se le puede llamar escultura, es una fila de automóviles clásicos de 1949 a 1963 enterrados con el frente hacia abajo en un campo desde 1974. Floating Mesa (Mesa Flotante) es una ilusión óptica creada al envolver por completo una sección cerca de la cumbre de una meseta con un angosto anillo de plástico azul. El “trozo” de montaña parece flotar levemente en el cielo.
Nuevo México
Acoma Pueblo
Conocida como “La Ciudad del Cielo”, esta comunidad de indígenas estadounidenses se asienta en una colina de arenisca de 113 metros, aproximadamente a 80 kilómetros al occidente de Albuquerque, Nuevo México. Data de 1150 y es uno de los asentamientos que por más tiempo ha estado deshabitado en Estados Unidos.
Comunidades  - Ramadán
Ramadán en Princeton
SOHAIB SULTAN
“Desde hace unos pocos años realizamos una competencia amigable entre cocineros, un iftar llamado ‘Jefe de Fierro’”.
— Sohaib Sultan es el capellán musulmán de la Universidad de Princeton
Para mí, el Ramadán es el momento para apartarnos de las necesidades diarias de la comida y la bebida. Es mes que me deja una buena cantidad de tiempo del día para la introspección, la reflexión, la contemplación y el acercamiento a Dios.
Asimismo, no hay nada como el Ramadán para crear un sentido de colectividad, en especial, para mis estudiantes. En este tiempo los estudiantes se reúnen a diario para la iftar, o cena, y las oraciones. Siempre les encanta cuando llega el Ramadán y lo echan de menos cuando termina. Su pregunta es “¿cómo podemos mantener este espíritu durante todo el año?” Pero esto es casi imposible y, por esta razón, el Ramadán es tan especial.
Me entusiasma ver la cantidad de estudiantes que se comprometen con la disciplina espiritual de ayunar durante un mes, a pesar de la exigencia académica de Princeton. Durante el mes sagrado del Ramadán, los musulmanes de aquí siguen las mismas tradiciones que los musulmanes del resto del mundo. Pero nuestros estudiantes, inspirados en el Ramadán, también han emprendido algunas iniciativas que honran los principios islámicos eternos, como la caridad, en una forma que refleja las preocupaciones del mundo moderno.
En el Ramadán, hay un mayor nivel de conciencia sobre las necesidades de los demás por lo que tratamos de satisfacer estas necesidades de diversas formas. Por ejemplo, nuestra comunidad patrocina Project Downtown, un evento anual en el que se reúnen musulmanes y no musulmanes para preparan sándwiches y distribuirlos en albergues para personas sin hogar. Asimismo, la Asociación Estudiantil Musulmana de Princeton organiza una “ayunatón” donde se invita a las personas a ayunar durante un día como muestra de su solidaridad con las “crisis de necesidad” que se dan en alguna parte del mundo. Los patrocinadores donan dinero y los participantes aportan todo lo que habrían consumido en alimentos ese día para ayudar a las víctimas de inundaciones, terremotos y otros desastres naturales.
Los musulmanes de Princeton también han propuesto otra idea nueva: un Ramadán en el que se promuevan prácticas ecológicas. Durante los últimos tres años, nos hemos comprometidos con un “Ramadán ecológico”. En las iftars, solíamos utilizar los vasos y los platos más baratos que encontrásemos. Pero ahora tenemos un arreglo con el comedor de Princeton donde se nos suministran vasos y platos que no son desechables y se pueden lavar después. De esta manera, nada se va al botadero. Asimismo, más mezquitas están intentando esta práctica. La tendencia es promovida principalmente por jóvenes con conciencia ecológica.
El Ramadán puede coincidir con cualquier tiempo del año, dependiendo del calendario lunar, por lo que su programación varía en Princeton, según si hay o no hay clases durante el mes sagrado. Dado que el Ramadán de este año se celebrará en julio, muchos de nuestros estudiantes estarán en vacaciones. Pero tenemos estudiantes de posgrado que trabajan en el campus y estudiantes de pregrado que realizan pasantías de verano, por lo que estamos sosteniendo charlas informales con los estudiantes. Y sin importar la temporada, durante el Ramadán ofrecemos servicios de oración, lecturas del Corán, desayunos comunitarios antes del amanecer e iftars
Ofrecemos menús diferentes en la iftar, dado que la comunidad musulmana de Princeton es muy diversa. En ocasiones, tenemos comida del sur de Asia y del Medio Oriente o platos italianos. Por lo general, las iftars son atendidas por restaurantes locales, pero en ocasiones los mismos estudiantes o dos o tres familias preparan la comida. Durante los últimos años,
hemos tenido un iftar con un alegre concurso de cocina.
Pienso que el Ramadán crea un sentido de solidaridad entre los estudiantes musulmanes, un sentido de unidad y pertenencia. Los estudiantes musulmanes internacionales de Princeton muchas veces se sorprenden al encontrar un ambiente cálido y acogedor, no solo en el Ramadán, sino durante todo el año. De esta manera se mitiga la nostalgia por su país.
Fuente: Departamento de Estado de Estados Unidos | julio 2013 | vol. 18 | n0. 01 publicación/español/ejusa.state.gov

jueves, 6 de junio de 2019

EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS - Por segunda vez

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EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS

Por segunda vez, Howe envió un contingente por la colina que hallo la misma suerte que el primero. Ya no quedaba mas remedio que continuar el mismo juego estúpido, pues marcharse habría sido un golpe tremendo para el prestigio británico.
Así, Howe envió un tercer contingente, y dice mucho de la disciplina británica el hecho de que los soldados se movieran. Lo que mantuvo con vida a los soldados del contingente fue que los americanos habían agotado sus municiones. El tercer contingente de tropas británicas llego a la cima de las colinas, calo sus bayonetas y
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9 La colina [hill, en inglés] se llamaba «Breed’s Hill», pero la batalla fue llamada, por alguna razón, la «batalla de Bunker Hill». Por ello, lo que antaño se llamaba Breed’s Hill se llama hoy Bunker Hill.
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cargó. Los americanos, que tampoco tenían bayonetas, no tuvieron mas opción que marcharse. Lo mas rápidamente que pudieron, abandonaron Charlestown.
Los británicos retuvieron el terreno, por lo que proclamaron su victoria, pero estaban demasiado maltrechos para tratar de perseguir a los americanos mas allá de Charlestown. Sus perdidas habían sido enormes, 1.054 soldados muertos o heridos, entre ellos 89 oficiales. Uno de los oficiales muertos era el comandante Pitcairn, quien había conducido la vanguardia del ataque en el que se derramó sangre por primera vez, en Lexington. Las bajas americanas fueron de solo 450, pero uno de ellos era Joseph Warren, quien había elaborado las Resoluciones de Suffolk el año anterior.
Los británicos quedaron muy desalentados por esa «victoria» demasiado costosa y parecían haber caído en el letargo. Después de tomar las colinas de Charlestown, debían haber ocupado las alturas de Dorchester, inmediatamente mas allá de la franja de tierra que unía a Boston con tierra firme. Si lo hubiesen hecho, no habría quedado ningún lugar desde el cual la artillería americana pudiese dominar el puerto de Boston.
Antes de la batalla de Bunker Hill, esa había sido la intención de Gage. Pero después de la batalla, Gage, aturdido, no hizo nada. Estaba apabullado, y lo único que se podía hacer era relevarlo del mando. Fue enviado de vuelta a Gran Bretaña el 10 de octubre de 1775, y William Howe fue puesto al frente de las fuerzas británicas en las colonias.
Esto también fue un error. Howe se mostraría, de manera creciente, incapaz de actuar de forma decisiva contra los americanos. Una explicación de esto es que nunca se sintió a gusto en una guerra que consideraba insensata e injusta, pero otra es que nunca se recupero de la horrible conmoción que le produjo la sangría de Breed’s Hill.
Dos semanas después de la batalla, George Washington llego a Cambridge y asumió el mando de un ejercito que se consideraba vencedor de la batalla de Bunker Hill. No eran los británicos, sino su falta de pólvora, lo que les había derrotado. Quienes habían sido destrozados no eran ellos, sino los británicos.


Fuente:  EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

La Declaración de la Independencia

La Declaración de la Independencia La evacuación británica de Boston no hizo pensar a Washington erróneamente que la guerra había terminad...