domingo, 28 de junio de 2020

LOS DERECHOS EN LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA (1776)

Declaración de independencia de los Estados Unidos de América ...

HISTORIA de ESTADOS UNIDOS

LOS DERECHOS EN LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA (1776)
Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres nacen iguales, que a todos les confiere su Creador ciertos derechos inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar esos derechos los hombres instituyen gobiernos que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados; que siempre que una forma de gobierno tiende a destruir esos fines, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, a constituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio garantice mejor su seguridad y su felicidad.
Valgan como comentario estas palabras de Luis Suárez: “Existe una apreciable diferencia entre esta declaración de derechos y la que seguirá a la Revolución francesa, que añade como una condición sustancial el término “ciudadanos”.
En el primer caso percibimos la herencia de los derechos naturales que la cristiandad había venido formulando hasta alcanzar en la Escuela de Salamanca una plena madurez. En el segundo se prescinde de la doctrina de Dios Creador y se entiende que los derechos son resultado político de un convenio entre los ciudadanos, a modo de contrato social, que puede ser también modificado cuando las circunstancias así lo requieran”. (Suárez, Luis (2009). Crisis y restauración en Europa. Madrid: Homo Legens, p.291)

4. LA CONSTITUCIÓN (1787) Y LA DECLARACIÓN DE DERECHOS (1788)
Desde hace cincuenta años no se deja de repetir a los habitantes de los Estados Unidos que ellos constituyen el único pueblo religioso, ilustrado y libre. Ven que hasta el presente las instituciones democráticas prosperan en su país, al tiempo que fracasan en el resto del mundo; tienen, pues, una elevada opinión de sí mismos, y no están lejos de creer que forman una especie aparte en el género humano. (Tocqueville, La democracia en América, I, 2ª, 10)
Comentario: Tocqueville comprobó que el sentimiento de superioridad moral era una de los señas de la mentalidad estadounidense. A diferencia de la ideología antirreligiosa revolucionaria francesa, en EE.UU. se hermanaban después de la Independencia, libertad e ilustración con el sentimiento religioso. No hubo paralelismo con las persecuciones sangrientas que tuvieron lugar durante la Revolución francesa contra la Iglesia y los católicos.
Los norteamericanos reunieron, desde los primeros tiempos, una población dotada de un nivel de estudios y capacitación elevados, con inmensos recursos naturales que estaban a su disposición, sin apenas costes de adquisición. En la carrera competitiva que caracteriza a la economía capitalista, los EE.UU. se posicionaron en la pole position, junto con Gran Bretaña, Francia...

6. RELIGIÓN Y PODER POLÍTICO DESPUÉS DE 1776
La mayor parte de los Estados exigían religious tests, es decir, pruebas de discriminación religiosa que condicionaban la idoneidad para el desempeño de cargos públicos. Así, por ejemplo, en New Hampshire, New Jersey, North Carolina y Massachusetts dichos cargos se permitían sólo a los protestantes... El proceso de separación completa de Iglesia y Estado en los distintos Estados de la Unión, así como el de eliminación legal de los religious tests para los cargos públicos, fue largo y gradual. Hasta 1833 no pudo darse por terminado...
Durante este período de liberalización no deja de manifestarse, sin embargo, en la mayoría de la población y de sus líderes la convicción de que los fundamentos de la sociedad americana eran protestantes, es decir, de que fue el protestantismo el que, de una manera o de otra, creó la ideología y las instituciones de dicha sociedad. (Planell, La cuestión religiosa en la campaña electoral del presidente Kennedy, p. 46)
Comentario. La discriminación religiosa era una herencia de Inglaterra, como se había dado, por ejemplo, en la sojuzgada Irlanda en los siglos XVII y XVIII, donde los católicos eran sometidos a una dura persecución, aplicándoseles las leyes penales inglesas, excluyéndolos de derechos políticos y sociales. En Estados Unidos la discriminación se mitigó con respecto a la que existía en Inglaterra, por el hecho de que fue en sus orígenes una sociedad formada por emigrantes que huían de las persecuciones de la madre patria, que plasmaron en sus primeros documentos políticos sus anhelos
de libertad e igualdad, y porque entre ellos había también católicos, como los que fundaron Maryland.

Fuente: HISTORIA de ESTADOS UNIDOS
Selección de textos y notas por Jesús M. Sáez
Alicante, 2014

martes, 9 de junio de 2020

EN BUSCA DEL “CONFORT”



EN BUSCA DEL “CONFORT”
Entre todas las pasiones que la igualdad origina o favorece, hay una particularmente viva y que se suscita simultáneamente en el corazón de todos los hombres; el amor al bienestar, que constituye el rasgo más sobresaliente e indeleble de las épocas democráticas...
Los sacerdotes [pastores] americanos no tratan de atraer y fijar todas las miradas del hombre en la vida futura, sino que abandonan de buen grado una parte de su corazón a las atenciones del presente; parecen considerar los bienes del mundo como objetos importantes aunque secundarios. Si no se asocian en empresas humanas, se interesan al menos por su progreso y lo aplauden, y sin dejar de señalar a los fieles el otro mundo como el gran objeto de sus temores y esperanzas, no les prohíben la búsqueda honrada del bienestar en éste.
 (Tocqueville, La democracia en América, 2º, 1ª, 5º) Comentario. Numerosos son los textos que aluden a la búsqueda del bienestar: cf. t. 63, 64, 65, 66, 110, 111, 113, 116, 123, 128... “Confort”, en su significación tradicional, aludía al auxilio espiritual; el significado se desplaza a la comodidad material.

EL PURITANISMO Y LA RIQUEZA
En América [EE.UU.] cada cual encuentra unas facilidades desconocidas en otros lugares para hacer fortuna o para aumentarla. La codicia no descansa, y el espíritu humano... únicamente persigue la consecución de la riqueza. En los Estados Unidos, además de las clases industriales y comerciantes propias de los demás países, se ve a todos los hombres ocuparse de la industria y del comercio, cosa nunca vista hasta ahora...
Su origen enteramente puritano, sus hábitos únicamente comerciales, el país mismo que habitan y que parece apartar a su inteligencia del estudio de las ciencias, de las letras y de las artes, la vecindad de Europa
[...] han contribuido a concentrar singularmente el espíritu americano sobre las cosas puramente materiales.
Las pasiones, las necesidades, la educación, las circunstancias, todo parece, en efecto, contribuir a atar a la tierra al habitante de los Estados Unidos. Sólo la religión le hace levantar, de vez en cuando, una mirada pasajera y distraída hacia el cielo. (Tocqueville, La democracia en América, 2º, 1ª, 9º)
CALVINISMO Y DESARROLLO INDUSTRIAL
El desplazamiento del centro de gravedad que obra el calvinismo poniendo el acento sobre el carácter pecador del mundo conduce a representar la vida terrenal del hombre como una peregrinación a través de un mundo concebido más o menos claramente como un país enemigo. La “salvación” de las Iglesias “populares” toma por ello un carácter dramático que desnaturaliza el verdadero alcance de la salvación, al mismo tiempo que el mundo fundamentalmente pecador es considerado cada vez más como un objeto de explotación y esa tendencia se refuerza en la medida en que la secularización se acentúa. No es por azar por lo que los países anglosajones marcados por el calvinismo han tomado la cabeza del desarrollo industrial. No hay que asombrarse de ver una “peregrinación” aparentemente humilde y de una ortodoxia puritana convertirse al mismo tiempo en una explotación de las fuentes de la naturaleza, explotación que lleva la huella del orgullo espiritual. (Lindbom,
La semilla y la cizaña, nota al cap. “El paraíso y la utopía”) Escribe Lindbom: “No es por azar por lo que el orgullo espiritual [...] se menciona en cabeza de todos los pecados mortales. Es primordial en que se dirige como una acción belicosa directamente contra la orden divina”. (Lindbom, La semi-
lla y la cizaña, p. 23)
La desconsideración hacia la naturaleza es una constante de la historia de EE.UU. Véase los textos 43 (exterminio del bisonte), 73 (exterminio de la vida salvaje en California), 113 (abuso en el consumo de materias primas), 65 (despilfarro de agua), 81 (destrucción del bosque), 136 (contaminación agrícola)...

Fuente:  HISTORIA de ESTADOS UNIDOS
Selección de textos y notas por Jesús M. Sáez
Alicante, 2014

lunes, 25 de mayo de 2020

Los peregrinos del Mayflower y la formación de los Estados Unidos ...

ISAAC ASIMOV LA FORMACIÓN DE AMÉRICA DEL NORTE (DESDE LOS TIEMPOS PRIMITIVOS HASTA 1763)

Antes De Colón 1.- Los Indios La humanidad, muy probablemente, tuvo su origen en África. Los más antiguos rastros de «homínidos» (seres que se asemejan al hombre en sus características más que cualquier otra forma de vida) han sido hallados en África. Los más cercanos parientes del hombre en el reino animal, el chimpancé y el gorila, sólo se encuentran aún en África, excepto casos individuales que han sido llevados a otras partes por mediación humana. Durante el par de millones de años de existencia de los homínidos, éstos se expandieron por ámbitos cada vez mayores, pero siempre estuvieron limitados a regiones que podían alcanzar sin atravesar una gran masa de agua. Todos los fósiles de los primeros homínidos que son distintivamente más primitivos que el hombre moderno sólo se han encontrado en África, Europa y Asia, las tres masas terrestres contiguas que constituyen lo que a veces recibe el nombre de la Isla del Mundo. También pueden hallarse vestigios en las islas situadas frente a las costas de esos continentes. Todavía hace veinticinco mil años, cuando todos los homínidos primitivos habían desaparecido y sólo existía una especie, el Homo sapiens, u hombre moderno, la humanidad aún se hallaba confinada a la Isla del Mundo. Los continentes americanos, aislados, más allá del Atlántico, de una parte de la Isla del Mundo y, más allá del Pacífico, de la otra parte, aún estaban vacíos de hombres. Ningún vestigio de homínidos más primitivos que el hombre se ha encontrado nunca en ninguna parte de las Américas. Pero hay un lugar en el que los continentes americanos se acercan a la Isla del Mundo, y ese lugar es la región del extremo septentrional del Pacífico. Allí la punta noroccidental de América del Norte y la punta nororiental de Asia se acercan y están a corta distancia una de otra. Los dos continentes están separados hoy por un estrecho que no tiene más de 90 kilómetros de ancho; también hay, a mitad de camino, un par de islas pequeñas. Ha habido tiempos en que el estrecho era aun menor. A lo largo de toda la historia de los homínidos ha habido una sucesión de períodos glaciales durante los cuales las regiones polares de la Tierra estuvieron cubiertas por vastos casquetes de hielo que se extendían sobre miles de kilómetros desde los polos en todas las direcciones. Durante esos períodos, era tanta la cantidad de agua del planeta acumulada en grandes masas de hielo que cubrían las superficies terrestres que el nivel del océano descendió considerablemente. A medida que el nivel del océano descendió, el estrecho entre Asia y América del Norte se hizo menor y, finalmente, desapareció, dejando un puente de tierra entre los continentes. El último período de glaciación se extendió desde unos treinta mil años hasta hace unos diez mil años. En su punto culminante, el nivel del océano descendió hasta dejar un puente terrestre de 2.100 kilómetros entre Asia y Norteamérica. Cuando los glaciares empezaron a retirarse, el nivel del océano empezó a elevarse; pero los continentes no se separaron completamente, quizá, hasta alrededor del 7000 a. C. Durante la última glaciación, el Homo sapiens fue el homínido dominante, probablemente el único que quedaba, y ciertamente superaba en número a todos los homínidos que existieron en cualquier glaciación anterior. Por primera vez, quizá, los homínidos penetraron en los tramos nororientales de Asia.

Fuente:  Isaac Asimov La Formación De América Del Norte

viernes, 22 de mayo de 2020

LAS PRIMERAS COLONIAS

La estructura de gobierno en las trece colonias de Estados Unidos ...

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1. LAS PRIMERAS COLONIAS
Los emigrantes que fueron a establecerse en las orillas de Nueva Inglaterra pertenecían todos a las clases acomodadas de la madre patria...
Había entre ellos, en proporción, una masa mucho más grande de conocimientos que en el seno de cual- quier nación europea de hoy [es decir, hacia 1830]. Todos, sin exceptuar quizá uno solo, habían recibido una educación bastante avanzada... Las otras colonias [las españolas y portuguesas] habían sido fundadas por aventureros sin familia; los emigrantes de Nueva Inglaterra llevaban consigo admirables principios de orden y de moralidad; eran hombres que se trasladaban al desierto acompañados de sus mujeres y de sus hijos [...] Pertenecían a esa secta que por la austeridad de sus principios había merecido el nombre de puritana. El puritanismo no sólo era una doctrina religiosa, sino que en muchos puntos se identificaba con las teorías democráticas y republicanas más radicales. Este hecho fue el que le creó sus más peligrosos adversarios. Perseguidos por el gobierno de la madre patria [...] los puritanos buscaron una tierra tan bárbara y olvidada del mundo que les permitiese vivir a su manera y rogar a Dios libremente...
No hay que creer, sin embargo, que la piedad de los puritanos fuera meramente especulativa ni que se mostrara extraña a la marcha de las cosas humanas [...] Apenas desembarcados en aquellas inhóspitas costas, el primer cuidado de los emigrantes es el de organizarse en sociedad...
Acaecía esto en 1620. A partir de dicha época la emigración fue incesante. Las pasiones religiosas y políticas que desgarraron el Imperio británico durante todo el reinado de Carlos I, llevaban cada año nuevos enjambres de sectarios a las costas de América. En Inglaterra, las clases medias continuaban siendo el foco del puritanismo, y era justamente del seno de las mismas de donde salían la mayor parte de los emigrantes. (Tocqueville,
La democracia en América, libro I, 1ª p., cap. 28)
Comentario: la nueva sociedad establecida en América tuvo una impronta puritana; al margen de la proporción efectiva de puritanos respecto de otros emigrantes, su peso cualitativo fue determinante. El principal motivo que impulsó a los emigrantes a atravesar el océano fueron las persecuciones de Carlos I: emigraban buscando vivir en libertad, escapando del absolutismo, de la imposición de la Iglesia anglicana, de las pasiones religiosas y políticas de su reinado.
A diferencia de los emigrantes españoles y portugueses, que pertenecían a todas las clases sociales, marchaban en busca de fortuna o movidos por el deseo de evangelizar a los indios... y viajaban solos, los puritanos gozaban de una buena posición económica, formaban parte de las clases medias y viajaban con sus familias.
El puritanismo fue durante mucho tiempo la religión de la mayoría de los estadounidenses. Constituía una interpretación del mensaje evangélico, suscitada por Calvino, algunas de cuyas apreciaciones eran que todo hombre puede entrar en comunicación directa con la divinidad; que el mundo es intrínsecamente malo y la vida una peregrinación difícil hacia la salvación; que algunos hombres han sido destinados a ella y uno de los signos de los predestinados es haber recibido el mensaje evangélico, especialmente en su modalidad calvinista o puritana; otro, el éxito y la riqueza, conse- cuencia del ejercicio de las virtudes; los pobres recibían las consecuencias de su imprevisión y falta de vida virtuosa; a diferencia del evangélico “bienaventurados los pobres”, la bienaventuranza recaía sobre los acomodados. Fue el puritanismo el que impulsó la creación de la democracia política. ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE LAS PRIMERAS COLONIAS
En general no se otorgaron Cartas a las colonias de Nueva Inglaterra hasta mucho tiempo después de considerarse su existencia como un hecho consumado. Plymouth, Providence, New Haven, el estado de Connecticut y el de Rhode Island se fundaron sin el concurso y, en cierto modo, sin el conocimiento de la madre patria. Los nuevos habitantes sin negar la supremacía de la metrópoli, no fueron a buscar en su seno la fuente de los poderes, sino que se constituyeron por sí mismos, y hasta pasados treinta o cuarenta años no vino a legalizar su existencia una Carta real de Carlos II...
A cada instante se les ve actuar como soberanos; nombran a sus magistrados, deciden la paz y la guerra, implantan reglamentos de policía y se dan leyes como si sólo de Dios dependieran.
Nada tan singular e instructivo a la vez como la legislación de esa época, donde se encuentra la clave del gran enigma social que los Estados Unidos presentan al mundo de nuestros días.
Entre estos monumentos destacaremos especialmente [...] el código de leyes que el pequeño Estado de Connecticut se dio a sí mismo en 1650 [...] “Quienquiera que adore a otro Dios que no sea el Señor, –dicen para empezar–, será reo de muerte.” Siguen diez o doce disposiciones de igual naturaleza, tomadas textualmente del Deuteronomio, del Éxodo y del Levítico. La blasfemia, la hechicería, el adulterio y la violación se castigan con la muerte; el ultraje de un hijo a sus padres es sancionado con la misma pena. De este modo se trasladaba la legislación de un pueblo rudo y civilizado a medias, al seno de una sociedad de espíritu cultivado y costumbres dulces; jamás la pena de muerte se prodigó tanto en las leyes, ni se aplicó menos...
El simple comercio entre personas no casadas está severamente reprimido en ellas, y se otorga al juez el derecho a infligir a los culpables una de estas tres penas: la multa, los azotes o el matrimonio; y de dar crédito a los registros de los antiguos tribunales de New Haven, las condenas de esta naturaleza no eran raras
[...] La holgazanería y la embriaguez son castigadas severamente [...] Estas leyes [...] no eran impuestas, sino votadas libremente por los propios interesados, y las costumbres eran aún más austeras y puritanas que las leyes.
Al lado de esta legislación penal tan impregnada de mezquino espíritu sectario, encontramos un cuerpo de leyes políticas que, elaborado hace doscientos años, parece adelantarse al espíritu de libertad de nuestra época.
Los principios generales sobre los que se basan las modernas constituciones se hallan reconocidos y fijados en las leyes de Nueva Inglaterra: la intervención del pueblo en los asuntos públicos, el voto libre de impuestos, la responsabilidad de los agentes del poder, la libertad individual y el juicio por jurado, allí han sido establecidos sin discusión y de hecho. (Tocqueville, La democracia en América, I, 1ª, 2º)
Comentario: La Nueva Inglaterra, en el extremo nororiental de EE.UU., estaba formada por los estados de New Hampshire, Massachussets, Rhode Island, Connecticut, Maine y Vermont. Los colonos se organizaron políticamente, desde los orígenes, de acuerdo con principios democráticos, apartándose de los usos de la monarquía absolutista de la metrópoli, generando una legislación de sesgo puritano.
Desde el siglo XVII, los colonos actúan como soberanos y se organizan políticamente, en el marco municipal, de acuerdo con principios democráticos que se extenderán posteriormente al gobierno de los estados y de la Unión.

Fuente: HISTORIA de ESTADOS UNIDOS
Selección de textos y notas por Jesús M. Sáez
Alicante, 2014

domingo, 22 de marzo de 2020

LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA El 28 de junio de 1776

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LA DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA

El 28 de junio de 1776 se presentó al Congreso la Declaración de Independencia.
Fue difícil hacerla aceptar. Algunos, como Galloway, estaban horrorizados. «La independencia —decía— significa la ruina. Si Inglaterra la niega, nos arruinará; si la otorga, nos arruinaremos nosotros mismos.» Galloway era absolutamente leal a Gran Bretaña, quizá el hombre leal más importante de las colonias. Más tarde, se unió al ejército de Howe y finalmente abandonó América, en 1778. Vivió los últimos quince años de su vida en Gran Bretaña.
Algunos delegados que no eran «leales» y que estaban ardientemente a favor de los derechos americanos y de su autogobierno, sin embargo, pensaban que buscar la independencia efectiva era poco juicioso, que no era un objetivo práctico. El más destacado de ellos era Dickinson.
Pero una colonia tras otra fue ganada para una votación a favor de la Declaración. El voto de Carolina del Sur fue conseguido eliminando la referencia a la esclavitud. Dickinson y otro delegado de Pensilvania fueron persuadidos a que se abstuvieran, para que los delegados restantes pudiesen dar el voto de Pensilvania a favor.
Había dos delegados de Delaware que estaban en posiciones opuestas en la cuestión, pero en el último minuto apareció un tercer delegado que se levantó de su lecho de enfermo, Caesar Rodney (nacido cerca de Dover, Delaware, en 1728), y dio su decisivo voto por la independencia. Sólo Nueva York no votó, pues sus delegados habían recibido instrucciones de no participar en el debate. Así, aunque la votación fue unánime, sólo fue de 12 a O, y la moción por la independencia fue aprobada el 2 de julio de 1776.
John Adams previo que en el futuro indefinido los americanos celebrarían el 2 de julio como el «Día de la Independencia». Tenía razón en esencia, pero se equivocó en cuanto a la fecha. Dos días más tarde, el 4 de julio de 1776, la Declaración de la Independencia fue firmada por John Hancock, presidente del Congreso Continental, y es este día el que hoy se conmemora.
La Declaración de la Independencia fue leída públicamente por primera vez en Filadelfia, el 8 de julio. El 9 de julio fue leída en Nueva York al general Washington y sus tropas, y la Legislatura de Nueva York, presumiblemente avergonzada de su intento de eludir el problema, votó la aceptación de la Declaración, con lo que se llegó a la totalidad de los 13 votos.
El 19 de julio el Congreso votó la redacción de la Declaración de la Independencia en una hermosa copia sobre pergamino (copia que aún existe como valioso legado de la historia americana) que firmaron todos los delegados. En el curso del verano y el otoño de 1776, cincuenta y cinco firmas se añadieron a la de John Hancock. Esa acción de firmar estableció realmente la línea demarcatoria, pues todo el que ponía su firma en el documento dejaba una prueba escrita de que era un traidor (si
los británicos ganaban). Consciente de esto, John Hancock firmó con letra clara y firme, «para que el rey Jorge pueda leerla sin sus gafas», lo que convirtió su nombre en un término del slang americano para «firma». Cuando Charles Carroll de Maryland (nacido en Annapolis el 19 de septiembre de 1737) puso su firma, alguien comentó que la mano le temblaba. Carroll, para demostrar que no era por temor, añadió el nombre de su finca, para que pudiese ser identificado más fácilmente.
Aparece como «Charles Carroll de Carrollton» en el documento. Entre los firmantes también estaban Samuel Adams, John Adams, Richard Henry Lee, Thomas Jefferson, Benjamin Rush y Benjamin Franklin.
Todos los firmantes son los «Padres Fundadores» de la nación, y por esta razón son semideifícados, aunque algunos de ellos son totalmente oscuros y sólo se los conoce por ese acto. El primero de ellos que murió fue Button Gwinnet de Georgia (nacido en Inglaterra en 1735). Murió en 1777, y su firma (valiosa porque era un firmante de la Declaración de la Independencia) es tan rara que su valor es muy elevado entre los coleccionistas de cosas semejantes.
De los cincuenta y seis firmantes, treinta y nueve era de ascendencia inglesa, y todos tenían al menos un progenitor que descendía de antepasados de algún lugar de las Islas Británicas. Treinta de ellos eran episcopalistas (Iglesia de Inglaterra) y doce eran congregacionalistas. Había tres unitarios (entre ellos Thomas Jefferson y John Adams).
Benjamin Franklin, quien se negó a identificarse con ninguna secta, se llamó a sí mismo un «deísta». Charles Carroll de Carrollton fue el único católico romano que había entre los firmantes.


Fuente:  EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

jueves, 18 de julio de 2019

La Declaración de la Independencia

La Declaración de la Independencia
La evacuación británica de Boston no hizo pensar a Washington erróneamente que la guerra había terminado. No hacía falta mucha penetración para percatarse de que los británicos, derrotados en un punto, harían intentos en otro, y de que el punto débil de las colonias era la región media, entre la radical Nueva Inglaterra y la radical Virginia.
Por ello, Washington condujo la parte principal de su ejército al sudoeste y llegó a Nueva York el 13 de abril de 1776, con 9.000 hombres.
Mientras tanto, entre el Sentido común de Paine y la excitación de la evacuación británica de Boston, el sentimiento favorable a la independencia llegó a récords de altura y los delegados del Segundo Congreso Continental podían sentirlo en cada mensaje.
Extrañamente, fue Carolina del Norte la que estuvo en el primer plano de la lucha. Ya el 31 de mayo de 1775, poco después de los sucesos de Lexington y Concord, los habitantes del condado de Mecklenburg, cerca de lo que era entonces la frontera occidental del Estado, elaboraron las «Resoluciones de Mecklenburg», en la que todas las leyes británicas eran declaradas nulas y vacías, e inútiles todos los despachos británicos. Las resoluciones declaraban la intención de los firmantes de lograr el autogobierno, pero no se hacía uso en realidad de la palabra «independencia». Sin embargo, el suceso dio origen a la leyenda de una «Declaración de la Independencia de
Mecklenburg».
Un año más tarde, el Congreso Provincial de Carolina del Norte, el 12 de abril de 1776, instruyó oficialmente a sus delegados al Congreso Continental para que abogasen por la independencia. Fue la primera colonia que lo hizo de manera formal.
Virginia la siguió, el 15 de mayo, y se dio por sentado que harían lo mismo las cuatro colonias de Nueva Inglaterra. Pero lo que se necesitaba para obtener la independencia era unanimidad. Sin ella, no se la alcanzaría. (Un delegado del Congreso dijo nerviosamente: «Debemos permanecer unidos.» Benjamin Franklin respondió secamente: «Sí, o con toda seguridad nos colgarán separadamente.»)11
El 7 de junio de 1776, Richard Henry Lee de Virginia puso la cuestión a prueba.
Se levantó y propuso que se aprobase una resolución en el sentido de que las colonias «son, y por derecho deben ser, Estados libres e independientes»12.
La resolución era todavía demasiado difícil de abordar, y el Congreso postergó la votación designando a varios de sus miembros para que preparasen una formal Declaración de Independencia. Los designados para esto fueron Jefferson, Franklin y John Adams, junto con Robert Livingston de Nueva York (nacido en la ciudad de Nueva York el 27 de noviembre de 1746) y Roger Sherman de Connecticut (nacido en Newton, Massachusetts, el 19 de abril de 1721).
Fue Thomas Jefferson quien hizo lo principal de la tarea de preparar la Declaración, y obviamente fue influido por Rousseau y la doctrina del derecho natural.
Escribió que las colonias debían asumir «la posición separada e igual a la que las Leyes de la Naturaleza y el Dios de la Naturaleza les daban derecho». También decía: «Sostenemos que son evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales, que están dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos el de la Vida, el de la Libertad y el de la búsqueda de la Felicidad. Que para asegurar estos
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11 Hay aquí un juego de palabras que es imposible traducir al castellano. El delegado al Congreso dice, en inglés: «We must all hang together», que significa «debemos mantenernos unidos», pero que en una imposible traducción literal, traducción sin sentido, claro está, es: «debemos colgar todos juntos». De aquí la ironía de la respuesta de Franklin. (N. del T.)
12 Un «Estado», debe recordarse, es una región soberana, que se gobierna a sí misma y no debe lealtad a ningún poder exterior. En los Estados Unidos, hoy, un Estado es una sección no independiente y subsidiaria de la nación, pero éste no era el significado de la palabra en 1776.
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derechos se instituyen entre los hombres gobiernos, cuyos poderes derivan justamente del consentimiento de los gobernados. Que cuando cualquier forma de gobierno se vuelve destructora de estos fines, es derecho del pueblo alterarla o aboliría e instituir un nuevo gobierno que se funde en tales principios y organice sus poderes de la forma en que se considera más probable el logro de la Seguridad y la Felicidad». Jefferson luego hizo una larga lista de los males infligidos a las colonias por Gran Bretaña, atribuyéndolos todos, clara y específicamente, a Jorge III; no mencionaba. al
Parlamento. Esto era necesario, desde luego. Ningún americano sentía lealtad mística alguna hacia un cuerpo legislativo, sino sólo al rey; y era del rey de quien debían ser apartados los sentimientos americanos. Uno de los males registrados por Jefferson fue quitado por insistencia de aquellos que no lo consideraban un mal. Jefferson acusaba al rey de impedir que Virginia tratase de regular el comercio de esclavos africanos. Los delegados de Carolina del Sur se negaron a permitir toda mención acusatoria de la esclavitud, y ese punto fue suprimido.

Fuente:   EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

jueves, 20 de junio de 2019

EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS - El Sentido común

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EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
El Sentido común resultó ser un best-seller. Su estilo sencillo, directo y muy dramático le ganó una enorme popularidad. Más que cualquier otro factor, produjo un necesario cambio en el pensamiento popular y convirtió la independencia en algo exigido por una cantidad suficiente de americanos como para hacerla posible políticamente. Entre otras cosas, ganó a George Washington para su causa.
Por supuesto, la cuestión era si la independencia sería posible militarmente.
Esto dependía casi totalmente de George Washington, quien estaba esperando lo único que permitiría avanzar: los cañones de Ticonderoga.
Había puesto la responsabilidad de llevar esos cañones sobre los hombres de Henry Knox (nacido en Boston el 25 de julio de 1750). Knox era librero de profesión y había aprendido mucho sobre el aspecto técnico de la artillería en los libros con que comerciaba. Había estado presente en la matanza de Boston, se había incorporado a la milicia, cuando ésta se formó, estaba ahora en el Ejército Continental y llegó a ser uno de los más íntimos amigos de Washington.
Era lo más cercano a un experto en artillería que había en el ejército, por lo que Washington lo envió a Ticonderoga a por esos cañones. La distancia era de 270 kilómetros en línea recta, pero de 500 kilómetros por caminos transitables.
Mientras esperaba, Washington recibió el nuevo año de 1776 desplegando una nueva bandera sobre su cuartel general. Llevaba las trece franjas rojas y blancas que hoy nos son familiares, una por cada colonia. Pero en la parte superior izquierda aún estaba la Unión Jack (la bandera del Reino Unido), formada por las cruces de San Jorge y San Andrés, los santos patronos de Inglaterra y Escocia, respectivamente, y el conocido símbolo de Gran Bretaña.
En el invierno (y ayudado, más que obstaculizado, por la nieve) Knox arrastró esos cañones. El 24 de enero de 1776, cincuenta y cinco piezas de artillería, con un peso medio por pieza de más de una tonelada, lograron entrar en las líneas americanas.
El 4 de marzo, Washington colocó esas piezas de artillería en las alturas de Dorchester, que Howe había dejado, imprudentemente, sin ocupar. Desde esa ventajosa posición, los americanos podían bombardear cualquier punto de Boston y casi cualquier barco que estuviese en el puerto.
Howe se percató del peligro y, no habiendo sido capaz de prevenirlo, planeó ahora un asalto contra la artillería. Fue retrasado por fuertes lluvias y, cuando el tiempo se despejó, los americanos parecían demasiado bien atrincherados y Howe había tenido tiempo de acordarse de Bunker Hill.
Decidió que Boston se había vuelto demasiado peligrosa para permanecer en ella y, el 17 de marzo, evacuó la ciudad, llevando a todos los soldados a los barcos del puerto. Luego zarpó para Halifax, en Nueva Escocia, el 26 de marzo.
En poco menos de un año desde los días de Lexington y Concord, los británicos habían perdido Nueva Inglaterra, y de manera permanente. Después de la partida de Howe, los británicos nunca volvieron, y desde ese día hasta hoy Massachusetts nunca oyó el paso de un ejército hostil.
La evacuación de Boston fue justamente considerada una gran victoria para los americanos, pero en definitiva constituyó una medida juiciosa por parte de los británicos.
Nueva Inglaterra era la parte más densamente poblada y más rabiosamente radical de las colonias, y todo intento de tomarla por la acción militar directa habría sido costoso y difícil. Había estrategias mejores. Por ejemplo, Nueva Inglaterra podía ser aislada de las otras colonias y luego ser sometida por hambre. En las colonias que no formaban parte de Nueva Inglaterra los sentimientos de rebelión eran mucho más débiles y éstos, posiblemente, podían ser sofocados, para luego golpear a gusto a Nueva Inglaterra.
Los americanos probritánicos eran llamados «leales» por los británicos y por sí mismos, y se los encontraba principalmente (aunque no exclusivamente) entre las clases propietarias. Según algunos cálculos, un tercio de la población americana era leal, mientras que otro tercio era indiferente a las cuestiones políticas y solamente trataba de vivir lo mejor posible. Sólo el tercio restante lo constituían los «rebeldes» activamente empeñados en el conflicto con Gran Bretaña. En realidad, en las colonias medias, los leales eran mayoría.
Para sí mismos, por supuesto, los rebeldes eran «patriotas», mientras que los leales eran «tories», nombre dado al partido británico que defendía los poderes y las prerrogativas del Rey.
La Guerra Revolucionaria, pues, fue tanto una guerra civil como una guerra de liberación nacional. Hasta en Nueva Inglaterra había leales, y miles de ellos fueron llevados de Boston cuando la evacuación británica. Temían por sus vidas si permanecían en la ciudad, y tal temor probablemente era justificado.
Los leales fueron muy útiles para los británicos durante toda la guerra. Muchos de ellos servían como agentes de espionaje entre los americanos. Otros, hasta unos 30.000, servían en las filas británicas. Su ayuda podía haber sido decisiva, pero los británicos siempre vacilaron en utilizar sus servicios a fondo. Si los británicos hubiesen aplastado las rebeliones con la importante ayuda de los leales, éstos, una vez hechos con el dominio de las colonias, podían haber pedido, como recompensa, esas mismas
concesiones que los británicos negaban a los americanos en armas contra ellos.


Fuente:  EL NACIMIENTO DE LOS ESTADOS UNIDOS
1763 – 1816
ISAAC ASIMOV

II. LA ÉPOCA DEL PRESIDENTE JACKSON. EL TESTIMONIO DE TOCQUEVILLE

  16. EXPANSIÓN Y CONSTITUCIÓN La Constitución no ha dispuesto que tomemos territorio extranjero, y menos todavía que incorporemos a nacione...